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sábado, 16 de mayo de 2015

LOS AMULETOS, ESTAMPAS, CRUCES, MEDALLAS, VELAS, CRISTALES, ETC...

Es cierto que los materiales tienen su propia energía y que el contacto con ellos (sobre todo con los que están vivos) producen cambios en nuestra vibración personal y nos ayudan en el proceso curativo. 

También algunas figuras, imágenes y colores producen reacciones psicológicas que nos estimulan; unas veces de manera más positiva que otras.

Las estampas religiosas y otros objetos relacionados, nos recuerdan nuestras posturas espirituales. El problema es que la mayoría de estos elementos se convierten en amuletos y les damos más poder del que en realidad tienen. Hay personas que se sienten indefensas sin su cruz, la estampita de su santo protector, su cristal preferido o cualquier otro amuleto de su preferencia. El amuleto pasa a ser Dios. Vivir pendiente de un objeto es limitar la Presencia Divina a ese objeto. Dios es Omnipresente: está aquí, allá y en todas partes. Tú mismo ERES DIOS.

Lo peor sucede cuando una persona extravía su amuleto, se le rompe o se lo roban. La mayoría de las veces esto se interpreta como un presagio de que algo malo va a suceder. Esta idea es producto de la creencia que la persona se encuentra sin su protección y que, como consecuencia, las energías negativas pueden afectarla. De esta forma co-crean su propio infortunio pues vivimos en un Universo Mental.

Todo aquello en lo que Crees se hace Realidad. ¿Por qué no creer entonces que el mejor amuleto con el que cuento es mi Naturaleza Divina? Nadie ni nada puede despojarnos de lo que somos realmente. Pero para ello primero hay que conocerse a uno mismo, ya que solo así podrás amarte de verdad, que es el primer requisito para poder amar a los demás. Y no creas que en ello hay algo de egoísmo, nada más lejos de la verdad. 


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